lunes, 17 de febrero de 2014

Comunitat Valenciana Blogs - Buceo

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Bajo el mar de Cullera

Posted: 16 Feb 2014 09:50 AM PST

Siguiendo la racha del buen tiempo del fin de semana, el sábado nos acercamos a bucear a Cullera, al centro Delfín, desde donde embarcamos y tomamos rumbo a un punto hacia el norte, a unas 3 millas de distancia del puerto. En este buceo de fondo, que es como llamo al que tiene lugar en sitios donde no existe una pared ni un veril pronunciado que nos sirva de referencia y donde toda la inmersión tiene lugar en un fondo rocoso, más o menos plano,  las posibilidades de encontrarnos sorpresas se suelen multiplicar.  Y ello precisamente porque al no haber una referencia física relevante que determine la ruta a seguir, ésta suele tomar caminos imprevistos, guiados siempre por los motivos de interés que durante el avance podamos encontrar. A mi personalmente es del tipo de inmersiones que más me divierten y entretienen.

Un pueblo muy turístico

Pues eso, cuando nuestro patrón José encontró el punto adecuado para fondear, que ellos conocen como Álvaro, descendimos a un suelo de unos -18mts de profundidad, cubierto por roca que venía a formar como una gran losa llena de agujeros y a veces pequeñas caídas de poco más de un metro pero que formaban balconadas y creaban huecos más o menos grandes que acogían sin problemas a peces que como la corvina tan bien aprovechan estas protecciones.

La tranquila corvina

La visibilidad, sin ser ese día espectacular, nos ofrecía horizontes de unos  generosos diez metros por lo que pudimos disfrutar del paisaje de cráteres rocosos ampliamente coronados de blancas y ramificadas gorgonias entre las que pululaban numerosos ejemplares de castañuelas. Pero enseguida nos llamó la atención otras ramificaciones, las de las antenas de una langosta que permanecía oculta en un hueco aunque sin poder camuflar sus alargadas protuberancias que delataban su presencia.

Un buen ejemplar de langosta

Y luego, a muy poca distancia, la última de las agradables sorpresas de esa jornada, una casi irreconocible ancla de almirantazgo de cerca de dos metros de longitud que, llena a más no poder de incrustaciones venía a formar ya parte del paisaje rocoso después de no se sabe cuantos años o cientos de ellos compartiendo ese fondo y que nos servía de despedida al buen buceo de ese día.

La irreconocible ancla centenaria

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