Pues esta novedosa posibilidad, la de sumergirse en los restos del famoso Bou Ferrer (nombre que toma de los buceadores que casualmente lo descubrieron) es la que se nos abre, si no a todos, sí a los que se apresuren a reservar su plaza para las inmersiones que se han programado durante este verano. Serán en los meses de julio y agosto y los interesados tendrán que inscribirse en el centro de buceo Alisub, que colabora aportando su infraestructura por lo que las salidas son desde su base en el club náutico de Vila Joiosa.

Multitud de ánroras
El pecio, de unos 27 metros de eslora, se encuentra posado en un fondo blando, escorado de babor y a una profundidad de entre 26 y 23 metros. Allí podremos contemplar numerosas ánforas (se estima que lleva alrededor de 2.500 de estos peculiares recipientes) en las que, en su día, se transportó la valiosa carga de esa pasta de pescado con la que condimentaban numerosos platos y que los legos en arqueología conocemos como garum, aunque los entendidos saben que garum sólo es alguna de estas pastas que tengan en su composición ciertos peces.

Recreación de la carga
Yo tuve ocasión de bucear el otro día y la experiencia es totalmente recomendable. Como también lo es que los que quieran descender allí tengan un buen control de la flotabilidad, dada la fragilidad de la carga y la componente arenosa del fondo, que ante un aleteo descontrolado enturbiaría el agua con la consiguiente disminución de visibilidad. Por supuesto, hay que tener la titulación de buceo y seguro en vigor.

Historia sumergida
Este interesante proyecto está promovido por la Conselleria de Educación, Cultura y Deporte; la Universidad de Alicante, que aporta los arqueólogos y técnicos subacuáticos; por el Ayuntamiento de La Vila Joiosa y por el Club Náutico de la localidad, que cede sus instalaciones.

Dos mil años bajo el agua
Encontrarse cara a cara con este trozo de historia es bucear en el pasado, sumergirse en un museo milenario sorprendentemente conservado bajo el agua que ha mantenido incluso parte de la estructura de madera de la embarcación. Es una experiencia irrepetible que no os tenéis que perder para conocer, en primera persona, algo extraordinario de la riqueza arqueológica de nuestro litoral.

La parada de seguridad
