‘Están ustedes invitados a ver girar a la Tierra…” Este impactante anuncio conmocionó a la sociedad parisina en 1851. La cita, en el Panteón de París: allí León Foucault con un cable de 67 metros y una bala de cañón de 28 kilos, demostró el giro de la Tierra, 220 años después de Galileo. La bala de cañón utilizada en aquel experimento cuelga desde 1995 del domo del Panteón de París. Recordamos esta hazaña, porque tal día como hoy, 18 de septiembre, en 1819 nació el genial físico francés Jean Bernard León Foucault, padre del péndulo que sirvió para demostrar la rotación de la Tierra y que Galileo tenía razón.
Mirando desde la Tierra, el Sol, la Luna y las estrellas, parecen girar lentamente. Ya Aristarco de Samos explicaba en el siglo III a.C. que ese movimiento aparente de los astros se debía al giro diurno de la Tierra en torno a su eje y al giro anual en torno al Sol. Más tarde, Aristóteles y luego Tolomeo, negaron que se pudieran hacer experimentos para demostrar ese giro de la Tierra y la visión geocéntrica dominó la ciencia europea hasta el siglo XVII. En 1600, Giordano Bruno fue sentenciado a muerte por afirmar que la Tierra giraba; su contemporáneo Copérnico llegó la misma conclusión, pero aunque lo escribió, jamás lo hizo público. Galileo en cambio sí lo hizo, en 1633. Fue acusado de herejía y no fue ejecutado porque se retractó; aunque dicen que añadió en voz baja: ” …eppus si mouve” (“y sin embargo, se mueve”).
Aristarco, Copérnico y Galileo tenían razón, pero no lo pudieron demostrar. Hasta que en 1851, Foucault lo hizo de manera tan sencilla como elegante, con ayuda de un simple péndulo.
Inicialmente, Foucault colocó un pequeño péndulo en una plataforma giratoria: el péndulo oscilaba siempre según su plano inicial (su movimiento depende sólo de la gravedad y ninguna fuerza lo altera). Así ocurre con el modelo a escala reducida del Museo: el plano de oscilación del péndulo no varía cuando giramos la plataforma que simula a la Tierra, con un observador mirando. Foucault pasó luego a la experimentación directa, con un pequeño péndulo de 2 metros y una bola de 5 kilos. Antes de que se amortiguaran las oscilaciones, observó que el péndulo parecía girar en el sentido de las agujas del reloj. Para apreciar mejor el fenómeno, construyó un segundo péndulo con una cable de 11 metros en el Observatorio de País y presentó el experimento a sus colegas el 3 de febrero de 1851. Y fue tal el impacto que el príncipe Luis Napoleón Bonaparte, el futuro Napoleón III, solicitó una demostración pública, que pasó a la historia el 26 de marzo en el Panteón de París.
Observa cómo giramos... en la Calle Mayor del Museo
En la Calle Mayor del Museo de las Ciencias es posible admirar uno de los más largos Péndulos de Foucault del mundo. El péndulo, al girar, acaba empujando las bolas; éstas caen en la plataforma, realizada con madera de naranjo y olivo, señalando de forma sonora el evento.
El vaivén del péndulo no se amortigua porque un sistema electromagnético situado en el techo mantiene su oscilación y permite observar su giro, lento pero continuo, en el sentido de las agujas del reloj. Aunque, gracias a Foucault, sabemos que se trata de una ilusión: es el edificio- y, con él, el planeta entero- el que realmente gira ‘bajo’ el péndulo.
Todo lo que nos rodea gira, con el planeta, cada 24 horas. Además, la Tierra gira en torno al Sol, y el Sol, y sus planetas en torno a la Vía Láctea,… Pero el Péndulo de Foucault ignora todos esos movimientos: está alineado con el Universo.
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